Ya estamos terminando el viaje. Pero estoy lento de actualización.
En la Isla de Pascua hemos estado 3 días. Se han recortado 5 horas con Madrid. O sea son 6 horas menos.
Lo de los moais y todo esto es fascinante, pero requiere contrastar información
Ya estamos en SANTIAGO. Ahora ya solo 4 horas con Madrid.
Vistamos Isla Negra, la casas museo de Pablo Neruda y mañana a Valparaíso
Pero no me va a dar tiempo a publicar. Estamos muy activos y poco tiempo para escribir.
Así que lo publicare a la vuelta a Madrid. Besos a todos los seguidores!!
PUBLICACIÓN TARDÍA
Martes, 27 de febrero de 2018
Hoy salimos en vuelo a la Isla de Pascua. Esta noche nos recogen a las 12 de la noche, el vuelo a la Isla de Pascua sale a las tres de la mañana y dura 5 horas. Habrá que cambiar de nuevo el reloj, ganamos cinco horas, o sea que tendremos seis horas de retraso con España.
Llegamos a las dos de tarde al hotel Hangaroa . Está situado a la orilla del mar, y se compone de grupos de bungalows con mucho espacio verde, a media hora andando del centro turístico de la ciudad. Tiene 10 hectáreas y 75 habitaciones.
Polinesia forma un gran triángulo con los vértices en Hawái, Isla de Pascua y Nueva Zelanda. Tiene más de 30 millones de kilómetros cuadrados y como dije antes, se compone de cuatro países, Samoa, Tuvalu, Kiribati y Tonga, y muchas dependencias de países occidentales. Hay dos tipos principales de islas, los atolones, islas llanas de formación coralina, como Tahití, y islas de origen volcánico como Hawái o Isla de Pascua.
Se le denominó Rapa Nui, o Isla Grande, por su parecido a otra isla denominada Rapa Iti, o Isla chica, situada 5000 kilómetros al oeste. Otros nombres fueron: «Te Pito O Te Henua», el ombligo del mundo, o «Te Pito O Te Kainga», el centro de la madre tierra, o «Mata Ki Te Rangi», los ojos que miran al cielo. Tiene una superficie de 163 Km2, y 8.000 habitantes, la mitad aproximadamente, son nativos. Está situada a 4250 kilómetros de Papeete, y a 3500 kilómetros del punto más cercano de Chile.Tiene forma de un triángulo rectángulo, con lados de 16, 17 y 24 kilómetros. En cada vértice se encuentran tres grandes volcanes inactivos.
Según estudios arqueológicos y de ADN sus pobladores provinieron de la Polinesia, posiblemente desde las Islas Marquesas. Se cree que los primeros pobladores llegaron hacia el año 800 de nuestra era. Según la tradición oral, se habría llegado desde una mítica isla llamada Hiva, guiados por Hotu Matu´a (creo que era Hotu Maté), su primer rey. La sociedad estaba dividida en tribus o clanes, y cada uno ocupaba una porción de isla, distribuida como un pastel, de modo que cada tribu tenía zona costera y de interior. En la isla se encontraron cultivos existentes en Perú y Chile, lo que dio lugar a la teoría de que sus primeros pobladores llegaron de América. Sin embargo, actualmente está demostrado su origen polinésico, y los cultivos pudieron llegar de contactos entre ambos pueblos, o, más probablemente, las semillas fueron llevadas por aves migratorias.
Se pueden considerar tres épocas:
– Entre el año 800 y 1250 aproximadamente, es la época de implantación, se empiezan a hacer los moais, más rudimentarios. Estas estatuas están hechas de ceniza volcánica, y esculpidas con herramientas de basalto y obsidiana. Tienen en la cabeza como un gorro, o un moño, no se sabe, hecho de otra piedra, más rojiza, llamada escoria volcánica. Estos moños se llaman Pukao y todos sin excepción han salido de una única cantera, en un cráter llamado Puna Pau. Se supone que los moais representan a jefes o personalidades de cada clan, que eran enterrados debajo de la estatua. Se colocaban en unas plataformas, llamadas Ahu, y todas mirando hacia tierra, la espalda al mar. Hasta que no se colocaban con esta finalidad ritual, no se le colocaban los ojos, que eran de coral y la pupila de obsidiana. En las excavaciones realizadas, debajo de todos los moais colocados se han encontrado restos enterrados.
– Entre los años 1250 y 1650 es la época de apogeo, en que se mejoró el diseño, haciendo esculturas más estilizadas y adornadas. A partir de 1650 se abandona la talla de los moais. La isla fue originariamente rica en árboles, pero sin embargo, cuando llegaron los primeros occidentales, casi no había arbolado. Quizá se utilizasen troncos de árboles para trasladar los moais, y el exceso de corte de árboles para esa finalidad, haya supuesto una falta de recursos que originó guerras entre las tribus. Hoy en día se considera más probable que fuesen arrastrados con cuerdas. También podría ser que la corteza de los árboles fuese utilizada para la elaboración de estas cuerdas.
– Por tanto, a partir de 1650 hay enfrentamientos y guerras entre los clanes. Posiblemente, cada clan destruía los moais de las tribus enemigas, para que no recibiesen la ayuda de sus antepasados. Lo cierto es que todos los moais colocados en plataformas estaban derribados, y siempre, caídos hacia adelante, el rostro en tierra. Los 50 moais colocados actualmente, se deben a obras de rehabilitación hechas desde 1955. De esta época es la figura del hombre pájaro, que contaré más adelante.
En total se han encontrado en la isla unos 1.000 moais, de los que unos 500 no llegaron a ser colocados en sus plataformas, por lo que no tienen hecho el hueco de los ojos. El hueco de los ojos se hacía en el momento de ser colocado en su lugar, encima de los restos del antepasado que se reverenciaba, se le ponía el ojo de coral y obsidiana, y en ese momento se convertían en objeto de culto. En la principal cantera hay unos 400 moais sin haber empezado a ser arrastrados hacia su destino. Se ignora la razón de que hubiese tan gran cantidad de moais tallados y sin desplazar a su destino. Hay otros muchos que sí se comenzaron a trasladar, pero no llegaron al final a su destino, y están tumbados en diferentes lugares de la isla. Hay un Moai especial, el único hecho de basalto, que fue encontrado por los ingleses en Orongo. Tiene dos metros y medio de altura, pesa 4 toneladas y se encuentra en el Museo Británico.
En cuanto a cómo se construían los Moais, la teoría que nos cuentan más generalizada es la siguiente. No los hacía cada clan separadamente. De hecho, las canteras eran de uso común. Había artesanos especializados con ayudantes, verdaderos talleres de escultores. Los clanes encargaban un Moai a estos equipos, y se encargaban de suministrarles alimentos y atención para mantener las herramientas, que eran de obsidiana con las que tallaban las figuras, y les daban todo tipo de cuidados para que estos equipos se dedicaran exclusivamente al tallado de los Moais.
El nombre de Isla de Pascua le fue dado por el navegante holandés Jakob Roggeveen, que la descubrió el día de Pascua del año 1722. La siguiente visita no se produjo hasta el año 1770, por una expedición española bajo el mando de Felipe González de Ahedo (que la llamó Isla de San Carlos, en honor de Carlos III). Estas dos visitas, fueron pacíficas, sin enfrentamiento con los nativos. En 1774 llegó el Capitán Cook, que atacó a los indígenas, y después desembarcaron, pero los nativos les tendieron una emboscada y mataron a unos cuantos. La mayoría podo huir, pero contaron que creen que después de matarlos se los comieron, quizá leyenda. De este modo las visitas de occidentales a partir de ese momento no fueron recibidas de forma pacífica, como por ejemplo, la de Jean Francois de la Perouse.
Entre 1859 y 1863 grupos de esclavistas peruanos se llevaron más de 1500 isleños para venderlos como esclavos. Estos esclavos trabajaban en las minas del Perú, donde murieron. Gracias al cónsul de Francia en Lima pudieron ser liberados 5 rapanuis y devueltos a su tierra. Estos rapanuis llevaron enfermedades que acabaron casi con la etnia nativa. El exterminio de la clase sacerdotal ha supuesto perder la posible interpretación de su escritura, llamada rongo, rongo, y que no ha sido descifrada hasta el momento. En 1866 se estableció una misión católica, con el fin de ayudar a evitar la esclavitud y la extinción de los habitantes de Rapa Nui. En 1877 quedaban solamente 111 personas de la etnia nativa. Los jóvenes actuales, orgullosos de sus raíces, evocan el número 111, que simboliza la hecatombe que casi acaba con su pueblo.
En 1888, Chile, a través de su capitán naval Policarpo Toro, firmó un Tratado con el representante de los nativos. Este Tratado está redactado en español y en rapanui, y existen discusiones sobre su traducción. En el español se habla de cesión de soberanía, y en el rapanui parece ser que se traduce como un tratado de amistad. En cualquier caso, la incorporación a Chile supuso el cese de la esclavitud por los peruanos. Pero en 1895, Chile alquiló la totalidad de la isla a la Compañía Explotadora de la Isla de Pascua, de los hermanos Merlet asociados a una compañía británica, Williamson Balfour El objetivo principal era la explotación de lana, y lo que hicieron fue agrupar a toda la población en un pequeño lugar de la isla, en Hanga Roa, que sigue siendo en la actualidad la única ciudad de la isla. Este contrato fue revocado en 1953 y se otorgó el control de la isla a la Armada chilena. En 1966 el Parque Nacional Rapa Nui fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
El trato brutal a los nativos ocasionó levantamientos violentos, que fueron sofocados por la Armada chilena. En 1993 se crea la Comisión de Desarrollo de la Isla de Pascua, la cual reconoce legalmente al Consejo de Ancianos, para consultas legales a los isleños. En 2007 se les ha reconocido la calificación de Territorio Especial, que les daría un estatuto especial. Sin embargo, no se ha desarrollado la ley necesaria para su implementación.
Miércoles, 28 de febrero
Iniciamos la visita de la isla. El primer lugar al que vamos es la principal cantera situada en el volcán Rano Raraku. Es un lugar impresionante. Se ve perfectamente la ladera de ceniza volcánica de la que se han ido extrayendo los bloques. En esta zona se han encontrado unos 400 moais, algunos terminados, otros sin acabar, y algunos incluso sin extraer de la roca. Están tallados en la montaña, pero siguen en su nicho, no se han sacado fuera. Destaca un bloque de 21,65 metros que de haberse terminado podría pesar unas 270 toneladas. La altura media de los moai es de unos 5 metros, pero hay algunos de más de 10 metros. Su peso estándar es de unas 5 toneladas, pero hay muchos de 10 toneladas. Hay uno que llega a pesar 90 toneladas, situado en la plataforma Ahu Te Pito Kura.
De esta cantera, bajamos a la costa, donde se encuentra la plataforma reconstruida más grande de la isla, Ahu Tongariki, de 200 metros de largo, con 15 moais. Es una vista espectacular, con el mar de fondo. No se sabe la razón por la que todos los moais miran hacia el interior. Una explicación curiosa nos la ofrece el guía, a quien su abuelo le contó que, al igual que exponemos una foto, para poder verla de frente, las caras están puestas de modo que desde el interior de la isla, desde sus casas, sus campos, pudiesen ver el rostro del antepasado.
Seguimos hacia la cantera de Puna Pau, de la que se sacaban los enormes sombreros o moños, los Pukau, hechos de escoria volcánica. Como he dicho no hay muchos árboles en la isla. Pero actualmente la teoría de que se usaban los troncos para trasladar los moai está desprestigiada, y domina la idea de que se movían por arrastre atados con largas cuerdas. Podría ser que los árboles desaparecieran a consecuencia de las ratas. Cuando llegaron los primeros europeos en la isla únicamente había ratas, que se ha demostrado eran originarias de Tonga, y gallinas, originarias de Samoa. Hoy en día por las carreteras nos encontramos ovejas, vacas, caballos, hay que tener cuidado, especialmente de noche.
Después de comer nos dirigimos a la playa de Anakena, creo que es la única playa que hay en la isla. Es una espectacular playa, rodeada de un gran palmeral. En este sitio hay un Ahu con varios Moais. Pero lo que más destaca es un Moai aislado, que fue el primero que se recolocó. Lo hizo un grupo chileno que tenía una teoría de cómo se levantaban los Moais. Lo hicieron con cuerdas, elevando unos centímetros la base, y poniendo piedras debajo de lo que iban levantando. Así poco a poco se iba construyendo una plataforma de piedras que sujetaba la imagen, hasta que se conseguía ponerla vertical. El experimento funcionó, y ahí está el Moai , aislado y desafiante. Cerca hay una plataforma con varios Moais, en un entorno muy bello, de fina arena al borde del mar.
Por la tarde, vamos a un chiringuito cercano a la ciudad, pero en las afueras. Pertenece a la familia del guía y es una pradera, con las casas de familiares, en que han instalado un pequeño kiosco y una carpa con una gran mesa para unas 10 personas. En el prado hay 4 o 5 mesas, y la vista al mar es espectacular, incluyendo una plataforma de Moais, Ahu Tahai, El sitio es especial, bellísimo, se está poniendo el sol, que acaba por ponerse de un rojo intenso, todo el horizonte.
Estoy tomando una cerveza y empiezan a presentarse, tíos, primos y amigos de nuestro guía. Familiares que acaban de llegar de Argentina, otros de Suiza…Un gran ambiente, están echando un campeonato de ajedrez, parece ser que es un entretenimiento habitual, y me invitan a jugar. Charlamos, corren las cervezas, me sirven unas empanadas riquísimas, y me paso unas cuantas horas hablando de la isla, sus costumbres, las diferencias con el estado chileno, la legislación, trabajo, etc. Hasta que llega la noche y se pone el sol en un horizonte panorámico de un rojo intenso espectacular.
Jueves, 1 de marzo
Comenzamos el día visitando el cráter del volcán Rano Kau, espectacular, bellísimo, una combinación de colores, una verdadera paleta de pintor, con un horizonte de mar. Cerca está la aldea ceremonial de Orongo. Es un pequeño poblado, reconstruido, casas de piedra. No se vivía allí. Su única finalidad era ser el lugar de encuentro durante unos cuantos días para celebrar la ceremonia del hombre pájaro.
Hacia el año 1650 hubo algún problema importante en la isla, desastre natural, falta de recursos, exceso de población,…. No se sabe. Pero entraron en un periodo de enfrentamientos, guerras, los Moais no se respetan, cada clan destruye los de los contrarios. Todas las esculturas son derribadas hacia adelante, con la cara al suelo.
De algún modo llegan al entendimiento que esta guerra es mala, cambian su divinidad a un dios único, representado como un hombre pájaro, el dios Make-Make (quizá Maté-Maté ¡¡¡¡) Se decide que cada año gobierne la isla un clan. Se hace una competición deportiva. Cada clan designa un atleta que les represente. En una época del año, se celebra una ceremonia especial. En la época de nidificación de los charranes, un ave migratoria, que regresa y deposita sus huevos en un islote cercano. En ese momento, las tribus se reúnen en el poblado. Los campeones compiten entre ellos. Deben bajar descalzos por el acantilado, echarse al agua y nadar ayudados por unos flotadores hechos de totoras, llegar a la isla situada a unos dos kilómetros, trepar a lo alto del islote, buscar el huevo del pájaro, y regresar. El primero en entregar el huevo al Gran Sacerdote se convertía en Hombre Pájaro, y su clan (o sea su jefe) gobernaba la isla y dictaba leyes. De este modo se recuperó la paz social de la isla. Esta costumbre duró hasta algunos años después de que en 1866 llegaran los peregrinos cristianos, quienes lo documentaron, y relataron todo este rito. Recomiendo ver la gran película Rapanui de Kevin Kostner, que hace un estupendo relato gráfico de esta historia.
Nos vamos a visitar otro lugar mágico. El Ahu Akivi, una plataforma que parece ser tenía utilidad astronómica. Son siete Moais, que a diferencia del resto, miran hacia el mar. Se considera que son diferentes al resto. Son un homenaje a los siete expedicionarios que llegaron con el primer rey a la isla. Parece ser que tenía una finalidad relacionada con la astronomía. De hecho, son los únicos Moais en que no se han encontrado restos humanos enterrados debajo de ellos. Miran al mar como homenaje a los primeros expedicionarios que llegaron a la isla.
De aquí vamos a visitar el Museo, en que se guardan algunos objetos emblemáticos. Es pequeño, y en su contenido destaca el único OJO de Moai que se ha encontrado, de coral blanco y la pupila de obsidiana. Este museo fue creado en 1973 en memoria de Sebastián Englest, un misionero capuchino alemán, enamorado de esta cultura, a la que dedicó su vida.
Acabamos la mañana en un bonito restaurante, de cara al mar, en el paseo marítimo de Hangaroa, disfrutando de la belleza de la vista. Al salir, nos dirigimos andando por la orilla hacia el hotel, un paseo de una media hora. Salimos del restaurante con un bonito sol. A los diez minutos empieza a nublarse, y en otros cinco minutos, se cubre todo el mar de una gran niebla, increíble, todo cubierto, empieza a llover torrencialmente, no tenemos ningún sitio para protegernos, nos cae durante 15 o 20 minutos una lluvia como una cascada, de modo que llegamos al hotel de tal modo, tan empapados, que nos tenemos que quitar la ropa en la entrada para no inundar la habitación. Ducha de agua caliente, y cena tranquila en el hotel. Y se acaba esta fantástica etapa.
Viernes, 2 de marzo
Salimos en vuelo a Santiago de Chile, casi 5 horas de vuelo. Aquí recuperamos dos horas, con lo que la diferencia horaria es tan solo de 4 horas con Madrid. Nos quedamos en un céntrico hotel, el Hotel Singular Lastarria. Muy bueno, muy bien situado y muy recomendable.
Sábado, 3 de marzo a Martes 6 de marzo
Visita de la ciudad de Santiago: la Catedral, el paseo peatonal Ahumada y el Palacio del Gobierno «La Moneda». Recorremos las principales avenidas de la parte antigua, cruzando el barrio bohemio de Bellavista. El Parque Forestal, el río Mapuche, Plaza Badequano, el Parque del Bicentenario, el Proyecto ALMA, etc…Pero no voy a contar mucho. Chile merece un viaje más amplio, en estos días hacemos una excursión a Isla Negra a casa de Pablo Neruda, a Viña del Mar, a Valparaíso, y recorremos las calles de Santiago, parques monumentales, el entrañable Museo de Violeta Parra, el Museo de la Memoria de los Derechos Humanos, relativo al golpe de estado de Pinochet, iglesias, museo arqueológico,…
Un lugar especial, en el centro de Santiago, es el Cerro Santa Lucía, cercano a nuestro hotel. En este sitio es en donde llega Pedro de Valdivia y establece su primer campamento. Desde el punto de vista gastronómico destaco una especie de embutido, el Arrollado Huaso, que está riquísimo.
Y un recuerdo especial, en el viaje hacia la Isla Negra, paramos en una bodega ecológica. Es de la familia de Elías Figueroa, que fue el mejor jugador de futbol de la historia chilena. Tiene una bodega que lleva su familia, y nos atiende su hija, que nos cuenta con devoción historias de su padre. Se casó a los 16 años con su amada de 15 años, han seguido juntos toda la vida, y en la celebración de su 50 0 60 aniversario juntos, le ha dedicado un vino, cuya etiqueta incluye una poesía de amor escrita por el propio Elías. Muy emotivo.
Pero esto quedará para un completo viaje por Chile.
Miércoles, 7 de marzo
Salida del vuelo de regreso a España. Trece horas de vuelo. Llegamos a mediodía del jueves, 8 de marzo.
Y ya se acaba este viaje. Hemos salido de Madrid el 2 de enero. Hemos estado 66 días y 67 noches fuera de casa, hemos cogido 27 vuelos, cuya duración de tiempo volando ha sido de 85 horas, y una estimación de horas de traslados y aeropuertos de, al menos, otras tantas, es decir 7 días completos, de 24 horas. El llamado jet lag se está haciendo un lío conmigo, a veces duermo sin fin y otras veces no he podido conciliar el sueño en varias ocasiones. Hemos dormido una noche en 17 hoteles, 2 noches en 6 hoteles y tres noches en 10 hoteles, cuatro noches a bordo de un avión, y al final, 5 días en Santiago. Nos hemos levantado bastantes días a las 3, 4, 5 de la mañana, algunos a las 8 o 9 de la mañana, y la mayoría a las 6 o 7 horas. Hemos comido a diferentes horas, o no comido, sándwich, comida rápida.
En resumen, un largo viaje, con una gran variedad de experiencias, pero no exento de incomodidades y cansancio. Y a pesar de todo eso, todavía estaríamos dispuestos a seguir viaje. Ha sido un viaje magnífico, muy variado, paisajes, culturas, personas… Aunque ahora nos vendrá muy bien unos días de tranquilidad. Espero que vayamos a recuperarnos a Santander.
Habíamos hablado Asun y yo que este podía ser el último gran viaje al extranjero lejano, y concentrar ahora nuestro inquieto espíritu por la variada España, y ocasionalmente a la Europa cercana. Sin embargo, creo que repetiremos dentro de dos o tres años. Ya estamos pensando, quizá Albania, Moldavia, Macedonia, Oman, Indonesia, con Sumatra, Java y Bali, Filipinas, Taiwán, Corea, por supuesto Norte y Sur, Islas Cook, Samoa, Tonga, Islas Fidgi, Vanuatu, Chile al completo, Ecuador, en islas Galápagos y la Amazonia, Jamaica, Barbados, Trinidad y Tobago, Costa de Marfil, Nigeria, Senegal, Mauritania, Mali… Pero serán necesarios, al menos, seis meses…O un par de años, mejor…